Una invitación respetuosa
Queridos amigos:
Escribimos con respeto, sinceridad y amor.
Las tradiciones budistas son diversas, pero muchos budistas comparten una profunda preocupación por el sufrimiento, la compasión, el dominio propio y la paz.
No escribimos para burlarnos de creencias sinceras ni de prácticas espirituales. Simplemente te invitamos a considerar a Jesucristo tal como es revelado en el Evangelio.
Jesús dijo:
"Vengan a Mí todos los que están cansados y cargados, y Yo les daré descanso."
Jesús y el sufrimiento humano
El sufrimiento toca toda vida humana.
Experimentamos enfermedad, pérdida, injusticia, soledad, temor, envejecimiento y muerte. Incluso cuando la vida parece tranquila, el corazón puede seguir cargando tristeza, culpa, ira o incertidumbre.
La Biblia no pretende que el sufrimiento sea algo sencillo. Jesús mismo experimentó rechazo, traición, dolor, sufrimiento físico y muerte.
Cuando murió Su amigo Lázaro, Jesús estuvo junto a quienes lloraban.
"Jesús lloró."
Jesús no observó el sufrimiento desde la distancia. Entró en él.
También mostró una profunda compasión hacia los demás. Recibió a los rechazados, tocó a los enfermos, alimentó a los hambrientos, consoló a quienes sufrían, perdonó a los pecadores y trató con dignidad a las personas olvidadas.
"Al ver a las multitudes, sintió compasión por ellas."
Jesús no se limitó a enseñar compasión. La vivió.
Los cristianos creen que en Él vemos el corazón de Dios acercándose a la humanidad que sufre.
Más que un maestro
Muchas personas admiran a Jesús como un maestro sabio y compasivo.
Sin embargo, Jesús se presentó como algo más que uno de muchos guías espirituales.
Él dijo:
"Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por Mí."
Él no se limitó a ofrecer un camino. Invitó a las personas a venir directamente a Él, confiar en Él y seguirlo.
Perdonó pecados, llamó a las personas a una vida nueva y prometió vida eterna a quienes creyeran en Él.
También dijo:
"Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la Luz de la vida."
Por lo tanto, el Evangelio nos invita a plantearnos una pregunta importante:
¿Es Jesús solamente un maestro sabio, o es verdaderamente Aquel que nos conduce a Dios?
Perdón y vida nueva
Todos sabemos que nuestras acciones importan.
Nuestras decisiones afectan nuestro corazón y la vida de los demás. Las palabras y acciones dañinas no pueden tratarse simplemente como si nunca hubieran sucedido.
El Evangelio enseña que nuestra necesidad más profunda no es solamente la paz interior. Necesitamos perdón y reconciliación con el Dios que nos creó.
Las buenas obras son importantes, pero no pueden deshacer el pasado ni limpiar completamente la conciencia.
Por eso vino Jesús: no solamente para enseñarnos, sino para entregar Su vida por nosotros.
"Él mismo llevó nuestros pecados en Su cuerpo sobre la cruz, para que muriéramos al pecado y viviéramos para la justicia."
Mediante Su muerte, Jesús llevó nuestros pecados. Mediante Su resurrección, abrió el camino al perdón y a una vida nueva.
Este perdón no es algo que ganamos mediante logros espirituales. Es un regalo de la gracia que se recibe mediante el arrepentimiento y la fe.
La gracia no significa que nuestras acciones dejen de importar. Quienes siguen a Jesús son llamados a perdonar, mostrar misericordia, apartarse del egoísmo y crecer en santidad y amor.
Pero no obedecemos para convencer a Dios de que nos ame.
"Nosotros amamos porque Él nos amó primero."
Jesús ofrece más que una calma temporal o una mejoría personal. Ofrece una vida nueva con Dios.
Esperanza más allá de la muerte
Las tradiciones budistas reflexionan profundamente sobre la muerte, el renacimiento y la liberación.
El Evangelio presenta una esperanza diferente:
La resurrección.
Jesús entró en la muerte y resucitó de la tumba. Sus discípulos proclamaron que Dios lo había levantado de entre los muertos.
Jesús dijo:
"Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí vivirá, aunque muera."
La esperanza cristiana no consiste en la desaparición de nuestra existencia personal.
Consiste en la vida eterna con Dios y en la resurrección de la persona entera dentro de una creación renovada.
Las Escrituras prometen un futuro en el que Dios:
"Enjugará toda lágrima de sus ojos; y ya no habrá muerte… ni duelo, ni llanto, ni dolor."
El Evangelio no promete que escaparemos de todo sufrimiento en esta vida.
Promete que el sufrimiento y la muerte no tendrán la última palabra.
Considera a Jesús
Querido amigo:
Te invitamos a leer el Evangelio y a considerar a Jesús por ti mismo.
Observa cómo trata a quienes sufren, a los culpables, a los rechazados y a los olvidados.
Escucha Sus palabras.
Considera por qué perdonó pecados, por qué invitó a las personas a venir directamente a Él, por qué entregó Su vida y por qué Sus discípulos proclamaron que resucitó de entre los muertos.
Puedes comenzar con el Evangelio de Lucas, que presta especial atención a la compasión, el perdón, la oración y las personas que la sociedad suele pasar por alto.
También puedes leer el Evangelio de Juan, que se centra profundamente en la identidad de Jesús y en Su promesa de vida eterna.
Pide al Creador que te guíe a la verdad.
Jesús dijo:
"Busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá."
Esta no es una invitación a despreciar a tu familia, tu cultura ni a tus vecinos.
Es una invitación a considerar sinceramente a Jesús y a responder conforme a tu conciencia delante de Dios.
Que el Dios vivo nos guíe a todos en la verdad, la humildad, la compasión y el amor.
Que la paz de Cristo nos encuentre en medio del sufrimiento, que Su gracia traiga perdón y que Su resurrección nos llene de esperanza.